Razones de PESO para no hacer la ‘Operación Biquini’

Con el inicio de la primavera no solo llega el buen tiempo. Llega también el período de bodas, bautizos y comuniones. La época de vestidos cortos, faldas y blusas e inevitablemente, del calor que insta a buscar un lugar costero en el que veranear y desempolvar el bikini que tantos meses llevaba hibernando en el armario. Con la primavera llegan también las ofertas en los gimnasios –junto con enero y, paradójicamente, septiembre, la etapa pre-estival es cuando se produce mayor aumento de altas en todos los centros – , los anuncios de cremas reductoras y anticelulíticas, los peligrosos laxantes, los tratamientos de belleza exprés, las dietas milagro y el continuo bombardeo de artículos sobre cómo conseguir un cuerpo diez en tiempo récord.

La llamada Operación bikini, como si de una misión militar se tratase, lleva años irrumpiendo en nuestras vidas. Una cita que parece ineludible para el grosso del público femenino que recibe información -quiera o no- a través de revistas, blogs y programas de televisión que regeneran este contenido año tras año a sabiendas de que vende. Sin embargo, se alerta poco sobre los peligros que acarrea para la salud y tampoco se plantea si a día de hoy es ético seguir promoviendo unos cánones de belleza –y unas prácticas- perjudiciales para las mujeres.

LOS PELIGROS DE LA OPERACIÓN BIKINI

Esta práctica consiste en hacer en tres meses lo que no se ha hecho a lo largo del año: quitarse esos “kilos de más” sea a base de dietas estrictas o de una cantidad de ejercicio superior a la que el cuerpo está acostumbrado.

El problema es que durante un corto período de tiempo sometes a tu cuerpo a un estrés metabólico muy fuerte y al cabo de dos o tres meses pasando hambre estás frustrada y consideras que, a cambio del esfuerzo al que te has sometido, eres merecedora  de una recompensa, así que vuelves a las andadas. Lo que hay que hacer es aprender a comer, no hacer salvajadas.

Educación nutricional. Son las dos palabras en las que quiero hacer mayor hincapié. Hay que educar a tu cerebro más que a tu cuerpo, si no lo haces, todo lo que intentes será tiempo perdido. Es entonces cuando escuchamos el concepto de “efecto rebote”: ganar mucho más peso del perdido durante aquellos tres meses de sufrimiento.

Los riesgos de la Operación bikini van desde trastornos metabólicos o déficit de nutrientes como vitaminas o minerales hasta otros mucho más graves como problemas de colon o trastornos alimenticios.

Si alguien quiere ponerse en forma debería ser un proyecto de por vida, es decir: aprender a comer como toca, educar al cerebro antes de machacar al cuerpo y hacer un poco de ejercicio diario. Nuestro cuerpo es para quererlo y lucirlo todo el santo año y no sólo durante la Operación bikini.

Además, un problema ético

Al margen de los riesgos para la salud, la Operación bikini es un concepto de ética difusa. En un periodo en que la diversidad despunta sobre la pasarela, donde cada vez encontramos a más modelos que se alejan del canon 90-60-90 y donde el feminismo ha conseguido irrumpir hasta en un desfile de Chanel, ¿la Operación bikini no queda obsoleta?

¿Adelgazar para estar más guapa? ¿Estarás más guapa por el simple hecho de estar más delgada? ¿Qué es para ti la belleza? No sólo existe una mujer delgada y photoshopeada. Es ridículo seguir imponiendo un canon de belleza dictatorial y ajeno a lo que pasa en nuestra sociedad actual.

Operación bikini, además, tiene un tufillo sexista. La Operación Bikini es, a mi parecer, una práctica dañina que afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. Cada primavera se nos presiona a las mujeres no con estar sanas, ojo, sino con estar sexys, conseguir un culo 10 o adelgazar un montón de kilos en menos que canta un gallo. Cuando veo estos titulares me pregunto: estar sexy ¿por qué? ¿Para quién? Y por otra parte, ¿es que no lo soy ya? ¿Mi cuerpo no está bien cómo está?”.

Prácticamente desde después de las navidades, los medios bombardean a las mujeres con reportajes especiales sobre cómo mejorar la figura para el verano. Generan en ellas un sentimiento de culpabilidad con la famosa y repetida expresión “excesos navideños”. Con ello, consiguen que las mujeres se obsesionen con los kilos que han ganado –aunque a veces ni hayan engordado- y expurguen sus pecados cumpliendo una penitencia basada en abdominales, la dieta de la alcachofa y cremas anticelulíticas: la Operación Bikini.

La solución a este conflicto no es sencilla. Pasa, en primer lugar, por derrocar determinados estereotipos con los que llevamos conviviendo desde que tenemos uso de razón. Por asimilar que no existe dieta en el mundo que te garantice tener el cuerpo de una modelo pero aceptar, también, que cada una tiene su propio cuerpo y que hay que quererlo. Entender que nuestro cuerpo no es un negocio para firmas de cosmética o gurús de las dietas. Abrazar el concepto de vida sana y comprender que las dietas salvajes y el ejercicio descontrolado no concuerdan con ese estilo de vida.

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